miércoles, 23 de agosto de 2017

Asaderos de pollo y prolongaciones



22 de Mayo de 2013.  El celador me indicó que el bono había que comprarlo a dos cuadras. Salí a paso afanado sin ningún motivo. Mi pie se resbaló en un hueco lleno de agua el cual me hizo caer en cuenta que en realidad estaba ahí por aprovechar el aporte a salud mensual. Pagué y me devolví mientras analizaba que había muchos asaderos de pollo alrededor.

Volvía a pensar en el imaginario atractivo del psiquiatra;  un Lacan que nos va a hablar del estadio del espejo o una sesión de regresión en un lujoso sofá de cuero mientras se descubren cosas reveladoras del inconsciente. 

Mi primera cita de psicología fue en un consultorio de la 93. Lo único que recuerdo de esas sesiones eran las ansias con las que esperaba a mi papá,  mientras jugaba con el didáctico de madera, para pedirle que me comprara Nerds o el chicle Bubble Tape con forma de cinta sabor a uva. De grande, contacté a una tipo que tenía su oficina  en la 85 con autopista; velas de colores, inciensos y espejos pequeños en la pared en forma de sol tipo horóscopo. La sesión duraba quince minutos y al final me regalaba tarritos pequeños marrones con agua sacada de volcanes para la canalización de energías. Me despedía poco satisfecha y en la recepción sacaba los tantos billetes de 20.000 mil para pagarle a su secretaria.

Cuota moderadora de $2.200 para salario mínimo en el 2013. Guardé chambonamente en el bolsillo el recibo de pago  y con la incomodidad del zapato mojado me senté en una de las sillas de plástico blancas, de ese tipo de asientos ochenteros que están unidos por una varilla de metal. Ancianos desorientados, desconfiando del megáfono o de las voces de los llamados, se levantaban a fisgonear los consultorios pese a que la recepcionista les recordaba la hora de sus citas. Un señor mayor dobló delicada y ordenadamente un periódico El Tiempo para leer un artículo específico. Su hermana, esposa, o amiga le aconsejaba: "Mauricio...Hágame caso ola!  ¿usted sí le dijo al doctor lo de la otra vez? lo de la tembladera? mire que entonces para qué venimos aquí...Aghh no...Se tomó las vitaminas? ahí las dejé en la mesa de la sala…Mauricio?". Pero el hombre continuaba leyendo el artículo como si se tratara de un secreto de estado o de un secreto familiar estremecedor.  Un grito repentino y firme me hizo saltar; un niño de unos doce años pronunció una palabra incomprensible alargando todas las vocales. Su madre que en silencio miraba a  un punto fijo, solo echó un tímido y corto vistazo a las demás personas como avergonzándose de una situación que no tenía remedio.

Una mujer y un muchacho entraron al edificio en dirección a la recepcionista. Mientras que la mujer le peguntaba algo a la joven el muchacho empezó a mover la cabeza en señal de negación: "No, no...no! Por favor perdóneme, perdóneme en serio! Se lo pido…",  "Rodrigo, tranquilo", le dijo la recepcionista.  El joven tenía los ojos muy abiertos como si viera aproximarse una desgracia. Iba de aquí para allá, mirando hacia los consultorios, metiéndose y sacándose las manos de los bolsillos, siempre alerta. Su madre sacaba papeles de su bolso mientras se los entregaba a la recepcionista y esta le respondía:  "Clozapina, sí, yo me acuerdo que la doctora cambió la dosis. Si quieren siéntense y esperen a la doctora y le comentan la cuestión".

Imaginé la constante amenaza que protagoniza la vida de Rodrigo ¿Cómo se puede vivir de tal forma en la que desde que uno se despierta hasta que se duerme, siente una sombra detrás con el deseo de hacer daño? Rodrigo continúa inclinándose para adelante y para atrás en la silla que ocupaba escasos segundos. El hombre del periódico seguía sumergido en su lectura y la mujer que lo acompañaba se había resignado con los regaños. Ambos sin aparente interés por la situación de Rodrigo. 

De nuevo se puso de pie bruscamente y se dirigió hacia la recepción: "¿Qué me van a hacer??, ¿qué me van a hacer??". La recepcionista le recordó lo sucedido en la sesión anterior con un tono de voz suave: "Rodrigo, fuera que yo no lo conociera...Viera cómo le dejó la manita a la doctora...",  "No, mire que yo no sabía...Mire, la policía, se lo suplico, discúlpeme. Pero dígame la verdad, ¿qué me van a hacer?",  "Noo, no va a haber policía. Rodrigo usted tiene que entender que a la gente no se le trata así...".  Su madre, quien le hacía escasos y resignados llamados de atención a su hijo, solo se enfocaba en hacerle preguntas de tipo burocrático a la recepcionista y esta contestaba al tiempo que trataba de controlar a Rodrigo:   "Ahí ya tendría que comentarle a la doctora lo de la Clozapina, para ver si autoriza ese examen". El muchacho de aquí para allá le hizo otra pregunta:  "¿Qué van a decir en la sede administrativa??, ¿qué me van a hacer??". 

Un vendedor de piña y chontaduros con la camiseta de la selección Colombia, pasó con su carreta afuera: "fresca la piña, a buen precio, aproveche que está bien jugosita. Aproveche, acérquese y pruébela…", la voz del megáfono se iba desvaneciendo, y la sala de espera, que guardaba sepulcral silencio, volvía a escuchar: "¿qué me van a hacer?...."

Pude notar que esa pregunta que repitió unas diez veces la pronunció con una entonación que daba la sensación de ser la primera vez que la formulaba.  Los esquizofénicos asimilan y absorben escenas e imágenes que son una construcción derivada de escenarios reales. Ejemplo: estoy en un centro de salud mental (escenario real),  por ende (construcción) estoy segura que van a venir doctores vestidos de blanco a encerrarme y a entregarme a la policía.  Si una persona les responde una pregunta que no se identifique con las prolongaciones construidas, lo asumen como una patraña, una mentira.  La realidad para ellos solo sería un escenario simple inanimado.

Quizá esos veinte minutos en esa sala de espera fue mi primera sesión en la Unidad Mental, o quizá, mi primera verdadera sesión en toda la vida.

jueves, 25 de mayo de 2017

IBM PS/2 55SX (USA 1989)




Else Marie Pade, de las primeras compositoras de música electrónica. Se sentaba a atravesar el desierto de los plásticos y metales, donde muchos caen y mueren, y llegaba al corazón de éstos...

IBM PS/2 55SX (USA 1989)

Recuerdo que había un país, y que lo habitaba en un territorio que se fragmentaba.  La única ayuda para llegar a donde estaba el molde femenino aislado y solitario, delicado, el "otro" género tejido en pixeles, eran las frívolas instrucciones con las que no podía dialogar, las que surgían de ese cuadrante negro de DOS, sin personas pendientes de mi pregunta.  

Ahí estaba yo, sabiendo que algo tenía que buscar, con abismos, muertes que tenían derecho a volver a la vida con condiciones y  con un mecanismo de la realidad, el único que podía ofrecer, que constaba en la presión de los dedos en las teclas para no sentenciar esa vida minúscula que habitaba en ese país.  Al lado mio todo estaba bien, pero yo debía caminar por los colores primarios mediante una caracterización conmovedora del hombresito, en el cual inevitablemente encontraba un reflejo, una humanización necesaria e inevitable. Eso era lo mínimo para vivir esos territorios fragmentados.  Luego venía la hora del almuerzo, la hora de abrazar a mis papás, y todo estaba bien. 



Los mundos existen entre si sin tocarse, por eso no puedo dialogar con el aparato esperando a que se vaya y que responda por mi vida. Nunca dialogan con lo que nos ha hecho desplazarnos y humanizar las figuras y los colores. Reclaman porque quizá no han entendido nada. Mueren muchos de sed en la carcasa, en el plástico. Creen que las extensiones de nuestros sueños son espejismos que nos desvían de nuestro desarrollo humano.

En 1992 también me dijeron que me saliera del pc, que mis ojos se iban a irritar y que la comida se iba a enfriar. Quisiera saber entonces, ¿por qué los que creen amar y respetar la vida y la educación no han mirado hacia atrás?  Es la historia del niño, la de ser niño. Mirar atrás involucra mirar al niño. Podríamos hablar de generaciones pero da la misma, toda ilusión se genera en un núcleo, desde un objeto de deseo, y eso involucra al niño, porque él es el único que sabe que los mundos existen sin tocarse. 





lunes, 27 de febrero de 2017

Nota sobre la memoria y el testimonio

Uno de los aspectos más interesantes en el campo de la comunicación son los discursos:  qué nombramos, cómo identificamos lo que nombramos, cómo lo nombramos, qué escuchamos, qué oímos y cómo interpretamos mediáticamente experiencias de otros o las propias.  No vislumbro el suceso en el objeto que lo representa, sino en su construcción.

Hace unos días encontré un artículo del historiador y musicólogo italiano Alessandro Portelli ¿Historia oral?Historia y memoria: la muerte de Luigi Trastulli  que analiza la muerte de un obrero a manos de la policía en Terni, camino a una protesta contra la O.T.A.N (1949). La finalidad de su investigación es descubrir principalmente mediante testimonios orales, las claves y maneras de proceder de la colectividad obrera que asignan a este suceso procesos articulados de interpretación. . La memoria, de larga duración, actúa constantemente sobre un hecho que ocurrió durante menos de media hora. 

Lo que consideramos testimonios falsos, el autor los considera claves en la caracterización y análisis de la oralidad: "El episodio es particularmente significativo no sólo por su aspecto trágico, sino también sobre todo, porque constituye el terreno sobre el que la memoria colectiva conserva una singular convergencia de relatos equivocados, intervenciones, leyendas que van desde reconstrucciones imaginarias de la dinámica del acontecimiento, hasta la traslación del mismo de un contexto histórico a otro.." .

La noción de memoria lleva a pensar el testimonio no como una información que se cataloga como falsa o verdadera, nociva o benigna sino como constitutiva de la cultura, y que encamina a interpretar ampliamente la realidad. El testimonio no puede ser un dato, sino un sentimiento que se alimenta de símbolos que están adheridos al contexto del suceso. Como comunicadores, periodistas y antropólogos, ¿cómo nos enfrentamos a las palabras?

Incorporando este texto a mi futura tesis, me mantengo en  en la motivación principal: no quiero saber si hubo un ovni en el cielo, quiero acercarme a quienes afirman haberlo visto y a su contexto comunicativo.